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sábado, 4 de febrero de 2023

EL ELEGANTE ARTE DE LEER

..."Leer es un arte en desuso, en verbo empolvado dentro de alguna estantería invisible en casa. Si vemos a alguien con un libro ya parece extraño, si ese libro tiene más de cincuenta palabras se nos hace una exageración o peor, una payasada de esa persona"...

 

 


 

         Si te preguntara ahora mismo cuál es la función principal de un libro, ¿qué me responderías?... Dudas en tu respuesta, hay muchas generadas automáticamente que se pueden considerar correctas, pero son solo palabras mecánicas diseñadas para sacarnos del aprieto sin problemas. Creo que la función más importante de un libro es enseñarnos a transmitir nuestras ideas, a comunicarlas coherente mente a los demás.

         ¿Cuántas veces te has encontrado con personas que piensan erróneamente que usar una palabra poco usada los hace parecer más cultos e inteligentes que las demás personas que los rodean? Usted sabe que la palabra usada por esa persona no significa lo que él o ella piensa, es posible que no tenga nada que ver con el tema tratado en ese momento, sin embargo, dicho término ya salió de la bolsa y ni siquiera cómo para volver a ponerlo. Pongo aquí como ejemplo ilustrativo una palabra usada en una serie policial italiana donde el Jefe de Policía llama al personaje principal y le pide informes sobre el caso que están investigando, en ese momento el superior usa la palabra "Improcrastinable", el comisario (personaje principal) finge entender, pero no lo hace. Mientras avanza la investigación, pregunta a todos qué significa esa palabra sin obtener resultados. Cerca del final de la película, habla con uno de esos profesores universitarios jubilados, un anciano que pasaba sus horas rodeado de gruesos tomos polvorientos, solo él podía dar respuesta a ambas preguntas, la pregunta del caso y el significado de la palabra en cuestión.

   [Yo aún no entiendo porque simplemente no la buscó en un diccionario, pero eso es tema para otro artículo de opinión]

        Leer es un hábito, una costumbre de antaño desarrollada desde la escuela primaria, fomentada por maestros, padres y consejeros. Era el único medio de instrucción posible para aquellos pudientes económicamente; los demás, los que no lo eran debían conformarse con lo dicho en las horas de clase. Hoy en día los medios tecnológicos nos han traído con gran facilidad toda la información que deseemos sobre cualquier tema. No tenemos que conformarnos con unas frases dadas a cuentagotas en un par de lecciones al día.

         Uniendo la idea central  de los dos últimos párrafos para sintetizar mejor nuestro argumento, hay que decir que cultivar el habito de la lectura nos cura de bochornosos fiascos conversatorios. Ya fuera en formato digital o físico, la lectura es y siempre será el mejor medio para aprender a hablar. 

             Pero pongamos el asunto en perspectiva, vivimos en un mundo donde es necesario mucho de todo. Necesitamos, producimos, desechamos en demasía, es un acto reflejo que llevamos culturizado de manera global. Y no es asunto de donde vives, porque donde sea geográficamente es la misma cosa. El mismo excedente de objetos sin los cuales nos sentimos pobres. La calidad brilla por su ausencia, el acabado es estéticamente aceptable al menos en principio y deficiente a largo plazo, es decir que el contenido solo es un relleno, nada más. 

            Esta es una realidad alarmante porque al faltar calidad en el contenido de los objetos, en este caso los libros, corremos grave peligro de perder nuestra calidad interna también. Prueba tratando de llevar una conversación medianamente interesante con otra persona que no esté relacionada al futbol, la novela de moda o a algún escándalo farandulero o de política, verás por ti mismo que el consumismo ha contaminado incluso nuestro sistema literario. Las cosas han llegado a tal grado que con ojear apenas un breve comentario de cuatro líneas ya consideramos que hemos leído demasiado. 

       Leer es un arte en desuso, en verbo empolvado dentro de alguna estantería invisible en casa. Si vemos a alguien con un libro ya parece extraño, si ese libro tiene más de cincuenta palabras se nos hace una exageración o peor, una payasada de esa persona. No vemos la elegancia de la acción, la concentración implícita en las páginas abiertas o la tablet frente a esa persona.  


miércoles, 1 de febrero de 2023