52 RETOS DE ESCRITURA PARA EL 2018

Décimo  cuarto  reto:

El argumento de tu relato es:
Tu texto empieza con
 “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo”
Dicho a un policía.

 




 

LA VISITA

 

--- “Sí…, yo soy creyente, pero no he podido evitarlo oficial”--- fue la frase con la que la mujer terminó su declaración al policía que había atendido la llamada de los vecinos.

            El patrullero la observaba de arriba a abajo con una ceja levantada y una carcajada apenas contenida en su mirada azulada. Era  todo un espectáculo de energía apenas encerrado en un metro y medio de estatura; su vestido gris  y su cabello blanco contrastaban por completo con las pantuflas rosas y su cartera a juego.

            Unas horas antes el hombre que la abordó en su casa estaba convencido de que ella sería la presa más fácil con la que se hubiese encontrado, una débil y anciana mujer que llevaba al menos diez años viviendo sola. Amiga del bordado, de pasar las tardes jugando bingo con sus amigas o paseando por el parquecito cuando el tiempo lo permitía. En su casa nada daba la impresión de algo diferente a lo que debía esperarse, adornos por todos lados, blancos tapetes de todo tamaño, paredes en tonos pastel y una infinidad de retratos de varias épocas distintas. Con la más galante de las sonrisas llamó a la puerta convencido de que con un par de frases conseguiría su propósito: la caja fuerte apenas cubierta colocada contra una de las paredes sobre la cual un florero y un retrato descansaban cómodamente. Dentro la fortuna que su difunto marido le dejó para asegurar su vejez. Una mujer ya entrada en años no sería reto para un profesional como él.

Con su atuendo dramático y sus mejores ademanes artísticos empezó su charada con el clásico “La providencia me ha enviado, los espíritus tienen un mensaje para usted”. La anciana lo miró un instante asintiendo con un enorme gesto de asombro en su cara, haciéndose a un lado dejó pasar al hombre  a su hogar. Bajo el brazo llevaba un fardo de papeles,  un maletín ejecutivo en la mano que acomodó para levantar su sombrero a modo de agradecimiento ante la anciana desprevenida. 

---Seguro ha escuchado usted sobre mí estimada señora---

--- ¿Sobre usted?, uh, no creo haber oído nada antes---

---- Bueno eso carece de total importancia. Estoy aquí para ayudarla, no lo dude ni por un instante---

---- ¿Ayudarme joven?  ¿En qué podría ayudarme?---

--- Bueno mi estimada señora, no se preocupe, cuando se lo explique todo verá la luz del entendimiento brillar dentro de usted.---

----Ah, en ese caso pase a la sala, le traeré un refrescante Té y algunos bocadillos que he preparado, pase por esta puerta de aquí----

---- Gracias adorable mujer--- dijo el hombre mientras se acomodaba justo en el espacio que más le interesaba en ese momento. Justo frente a sus ojos la razón de su viaje parecía invitarlo a hacer algo precipitado pero se resistió, ya estaba dentro, no necesitaba alertar a la anciana ni a los vecinos. Si todo salía como lo esperaba se iría antes de que alguien siquiera sospechara lo sucedido.

            La anciana no dio muestra alguna de percibir el peligro, en su prolija cocina preparó una jarra de refrescante Té Rosa, unos panecillos decorados con mucho espero, sándwich de queso y jamón cortados en triángulo, pastelitos y algunos dulces completaron un  platón enorme. Sirvió todo en una mesa rodante que llevó con mucha elegancia hasta la estancia donde su invitado desprevenido miraba los retratos envejecidos en su mayoría.

--- Tiene una hermosa familia, mi estimada. Puedo preguntarle ¿dónde están ahora? ---

---- Oh, la mayoría vive cerca y mi visitan con frecuencia. Algunos viven más lejos y vienen de vez en cuando. Lo cierto es que desde la muerte de mi marido cada uno ha seguido su camino. Es la ley de la vida me parece ----

--- Entiendo, entiendo ----

----- Pero siéntese aquí conmigo y cuénteme sobre esa ayuda que me ofrece. A mi edad uno aprende a valorar la buena voluntad de las personas sabe usted. Es cada día más escasa lamentablemente ---

----Es cierto es un hecho lamentable --- así la conversación fluyó en un ir y devenir sobre la relevancia de ser muy precavida sobre sus pocos ahorros, sobre sus recuerdos de tiempos de bonanza y sobre su futuro asegurado por la amorosa protección de los espíritus que han visto en ella una criatura digna de su benevolencia.

La mujer se deleitó escuchándole hablar por dos horas completas, dejándole contarle sobre esos espíritus tan encantadores que se habían fijado en ella. Al cabo de ese tiempo convenció al hombre para que se quedara a cenar, -- una cena casera realmente apetitosa -- le dijo. El invasor encantado pensó que sería perfecto, la drogaría con el narcótico escondido en su saco y podría trabajar con calma para abrir la caja. La cena se llevó a cabo con bastante fluidez, un platillo de carne y patatas, ensalada y algo de  ese Té Rosa. Ella cayó rápidamente en un sueño al parecer profundo dándole la oportunidad de trabajar sobre la caja de acero. Un par de horas ya estaba abierta y para su asombro lo único de valor en ella eran un par de aretes casi invisibles debido a su tamaño, un anillo matrimonial y un álbum de boda. Su reacción no se hizo esperar, estaba furioso de no ser por la estupenda comida y la amena tarde que pasó. Estaba a punto de marcharse cuando dio un tras pie que lo tumbó de espaldas sobre el piso encerado en exceso, su pierna rota le hizo proferir un agónico grito que alarmó a los vecinos haciendo que varios de ellos salieran de sus casas. Al caer notó a la amable viejecita bien despierta y con una sonrisa de oreja a oreja.

El policía que atendió la llamada apenas contenía la risa cuando la anciana le relató la visita completa y le decía casi en confidencia que las cosas de valor estaban a buen recaudo en su banco de toda la vida, donde su cuñado aún era el gerente. Su invitado fue sacado en camilla de la vivienda.