jueves, 10 de septiembre de 2020

NO SABEMOS SER HONESTOS NI CON NOSOTROS MISMOS

 Cuando eres un niño grande... Necesitas las escusas???

    Hace tiempo que no escribía, realmente he tenido muchas distracciones en mi vida, cosa que no es de la incumbencia de nadie, pero para cumplir con la norma hay que dar alguna justificación. Hablando de esas distracciones les cuento que han sido varias, para empezar mi nuevo reto personal, "Aprender a tocar un teclado musical", sí, el instrumento. Desde niña siempre desee hacerlo, lamentablemente la situación familiar nunca lo permitió (mejor echarle la culpa a eso que recordar), en fin; la oportunidad de comprar un teclado con taburete se dio y no quise dejarla pasar. Me hago cada día más vieja y mis sueños y anhelos necesitan con urgencia una salida. También está la frese de ahora que se puede... 

         No sé porque razón cuando somos viejos nos desvivimos en justificaciones para cumplir cualquier deseo de infancia o juventud, como si necesitáramos todavía la aprobación o el permiso, cosa que dejó de ser hace mucho tiempo en la mayoría de los casos.Nos esforzamos en dar razones ya que un simple porque me dio la gana no funciona, enseguida te caen encima con regaños y discursos sobre ser más amable con los demás. Para ser honestos nos importa lo que piensen a pesar que la mayoría de esos demás no aportan nada útil en nuestras vidas. Estamos acondicionados a buscar esa aceptación sin importar los años que tengamos a cuestas y esperamos una felicitación o un gesto de aprobación a pesar de todo. Somos sociales es cierto, pero ¿hay justificación para ser hipócritas también? .  La verdad sin tapujos es que estamos tan adiestrados a serlo que ya no nos reconocemos sin ello, incluso le damos un nombre nuevo, lo llamamos diplomacia y en esa modalidad nos guardamos nuestra opinión real sobre cualquier cosa pegando una sonrisa postiza en el rostro riéndonos o censurando tras ella. 

             No se confundan no hablo de llegar a la grosería para expresar tu desacuerdo, hablo de decir para variar la verdad sobre lo que pensamos en lugar de la respuesta que todos esperan escuchar. Hablo de decirnos las cosas como se debe, incluso a nosotros mismos en lugar de abrazar el engaño generalizado como medio de apaciguamiento en una conducta aprendida, arraigada culturalmente. Tal vez si fuéramos más honestos las relaciones serían más largas, firmes y fructíferas para todos.